El encuentro implica salir de mí mismo, e ir hacia otra entidad. Es un
movimiento desde el centro, hacia afuera, y un regreso hacia el
centro.
Volviendo a los dos componentes que hay en un encuentro:
descomponiendo la palabra, llego a esos dos componentes.
1) "En": inmersión en el fluir del ser. Es el acto de estar siendo, de
"en"serse, que es "en"meterse en la existencia. Al "en"contrarme, me
hermano con OTRO, me uno a él, soy con él. Me hago uno con OTRO.
Quiero hacerlo, quiero encontrar, no quiero estar sola. Es el
componente "UNO", o el componente "YO" del encuentro. Hay un "yo" que
se encuentra con un otro, y es "YO" y es "UNO" porque tiene nombre,
rostro y misión, y porque es una unidad, es individual.
2) "Cuentro". Habla de distinción, de contraposición. Es el componente
"OTRO". Es otro porque está afuera del centro de ese "yo". Pero ese
OTRO también es un UNO que quiere encontrarse, que está movido a
encontrarse, y gracias a ello, ocurre el encuentro entre ambos, y
ocurre el sí y el no de cada encuentro, del que ya hablé. La
definición del ser de ambos se da en el encuentro, porque encuentran
al otro y en el otro, se encuentran a sí mismos.
Cuando me encuentro, elijo hermanarme, me hago uno con el otro, y
busco compartir con él las condiciones de aquello en lo que me estoy
metiendo, que es el fluir del ser. Busco fluir en el ser con el otro.
Es decir que querer hacerme uno, querer encontrarme con otro, es el
impulso de salir de mí, de la soledad de mi yo, para vivir con el
otro, para existir, para trabajar, aprender, pensar... en definitiva,
me encuentro para vivir con otro, y vivir junto con otro es amar.
Existir, vivir, trabajar, aprender, pensar, jugar, son todos verbos
que expresan distintas facetas de amar. Y amar es ser, porque ser es
encontrarse, y el encuentro sólo se da por el impulso que el amor le
da al yo.
Ese impulso, en realidad es un llamado, y en la vida de cada hombre,
lo hacen los padres, cuando eligen el nombre de sus hijos. Porque el
nombre es el llamado a tener conciencia de uno mismo, cuando un niño
aprende su nombre, está aprendiendo que es un "yo" y que lo están
llamando para encontrarse con él. Aprender mi nombre es trabajar para
mi propia salvación, es la primera conquista que hace cada uno: saber
que es alguien, que es uno, y que frente a uno hay otro que lo llama a
encontrarse.
4. Amor viviente.
Los seres vivos son los protagonistas del encuentro, los que saben su
nombre y los que dan nombre a otros seres.
La humanidad está llamada por Dios a ser Amor viviente junto con Él.
Primero, Dios es un yo. Siempre es un yo, siempre está consciente de
sí, y siempre sabe su nombre. En él no hay antes ni después, ni
principio ni final. Siempre es, sólo es ahora. El despertar de la
conciencia en el hombre implica separarme del ahora de Dios, y darme
cuenta de que soy un "yo". Tomo consciencia de que soy único, de que
no hay otro como yo. Por eso tengo nombre propio.
En la historia de la humanidad, hubo un Adán y una Eva, pueden haber
sido más de uno, en distintas comunidades, los que despertaron a la
conciencia. Pero hubo un despertar y fue histórico: ocurrió en esta
tierra, ocurrió en el tiempo. Hubo un hombre que amó conscientemente,
que se encontró con Dios, que fue a
su encuentro porque escuchó la llamada del amor, y al encontrarse con
Dios, supo quién era él: el sí del encuentro fue darse cuenta de que
él podía dar nombres, él también podía llamar a otros seres para que
vayan a su encuentro: otros seres humanos (sus hijos), el mundo
animal, la tierra: todos los árboles, los ríos, las nubes... Todo el
que haya tenido una mascota, sabe de lo que hablo. Les ponemos nombre
a nuestros animales, no son gatos cualquieras, o perros cualquieras.
Saben su nombre, se encuentran con nosotros. Yo a mi gata la quise, mi
voluntad me movió hacia ella, le di nombre, la llamé, y ella escuchaba
mi voz y respondía. Mi gata recibía amor, y devolvía amor. Yo me
hermanaba con ella en el encuentro.
El no del encuentro del hombre con Dios fue darse cuenta de que estaba
desnudo y hacerse un vestido. ¿Qué es estar desnudo? Estar desnudo es
sólo tener a Dios. Vivir en el amor permanentemente, yendo al
encuentro de toda la creación como criatura suya, estando siempre
junto a Él. En el no del encuentro, se hizo un vestido. Para taparse,
porque no quería estar desnudo.
Quería ser "yo", y no tener que referirse más a Él, no necesitar más a
Él como "otro". Ser, en soledad, hombre y Dios. Decidir solo lo que
estaba bien y lo que estaba mal, adueñarse de la creación, dominarla,
ejercer el poder supremo.
Y esto también ocurrió en el tiempo. El no del encuentro con Dios
también fue una elección que nuestros primeros padres tomaron y que
nos afectó a todos, porque somos todos la humanidad y vivimos en la
misma tierra y bajo un mismo cielo.
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